Cuaresma 2026
Devocionales Para Cada Día
Por Rvda. Dra. Margaret Bellows
Nota del traductor: En esta obra, se usa el texto bíblico de la Nueva Versión Internacional, excepto donde se indica otra versión. Respecto a los himnos en cuestión, su traducción aquí no corresponde a las traducciones en español porque éstas demandan ajustarse a la métrica y rima de su música como se cantan.
Martes, 24 de Febrero - ¿Y Cómo Podría Ser Que Yo Gane?
Texto Bíblico:
“A la verdad, como éramos incapaces de salvarnos, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos. Difícilmente habrá quien muera por un justo, aunque tal vez haya quien se atreva a morir por una persona buena. Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:6-8
Enfoque del himno:
“¡Maravilloso amor! ¿Cómo pudo ser posible que tú, mi Dios, murieras por mí?
Mis cadenas cayeron, mi corazón quedó libre, me levanté, salí y te seguí.”
La Cuaresma es una estación que nos invita a los lugares tranquilos, los valles donde las distracciones desaparecen y nos encontramos cara a cara con nosotros mismos ante Dios. El himno espiritual "Este valle solitario" nos recuerda una verdad a la que a menudo nos resistimos aceptar: algunas partes del viaje de la fe deben caminarse solos.
Esto no significa que estemos abandonados. Más bien, significa que la fe no es algo que podamos pedir prestado o delegar. Nadie más puede arrepentirse por nosotros. Nadie más puede renunciar a nuestro orgullo, confesar nuestro pecado o elegir la obediencia en nuestro nombre. La
Cuaresma nos llama a la honestidad personal, a asumir la responsabilidad de nuestro diario caminar con Dios.
La simplicidad del himno hace eco las palabras de Cristo: "Si alguno quiere convertirse en mis seguidores, que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz y me sigan". El valle representa esos momentos en los que el camino es estrecho y la elección cuesta. Es cuando la fe requiere coraje, humildad y confianza en lugar de consuelo o aplausos. Sin embargo, el himno no termina en desesperación. Pues también declara:
"Jesús caminó por ese valle soleado;
Tuvo que caminarlo solo".
Antes de que entráramos en nuestros propios valles, Cristo entró en uno para bendecirnos. Se enfrentó a la tentación, el rechazo, al sufrimiento y a la muerte, no porque tenía que hacerlo, sino que más bien eligió caminar por ese camino de la obediencia, para nuestro bien.
En la cuaresma, recordamos que Jesús entiende la soledad de nuestra lucha. Él no se para solo para vernos a distancia; al contrario, camina con nosotros, incluso cuando el camino se siente solitario. El valle se convierte en un lugar de un encuentro profundo, donde la fe se refina y la confianza se fortalece.
Mientras atraviesas esta temporada de Cuaresma, no te apresures para llegar pronto al final del valle. Camina en oración. Escucha con atención. Confía en que Dios está trabajando en el silencio. Y recuerda que, aunque algunos pasos deben tomarse a solas, nunca estás fuera del alcance de la presencia de Cristo.
Oración
Dios fiel, Cuando el camino se siente solitario y el valle se siente profundo, ayúdanos a caminar con firmeza, valentía y honestidad. Recuérdanos que el Señor Jesús ya ha ido allá antes que nosotros, por tanto, Señor, sigue caminando con nosotros.
Mientras viajamos a través de la Cuaresma, fortalece nuestra fe, profundiza nuestra confianza hasta culminar en la esperanza de la Resurrección. Amén.
Lunes 23 de Febrero - Este Valle Solitario
Texto bíblico:
“Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga”. Lucas 9:23
Enfoque del himno:
“Tienes que caminar por ese valle solitario,
tienes que caminarlo solo.”
La Cuaresma es un tiempo que nos invita a los lugares de calma, los valles donde las distracciones desaparecen y nos encontramos cara a cara con nosotros mismos ante Dios. El himno espiritual “Este Valle Solitario” nos recuerda una verdad a la que a menudo nos resistimos caminar: algunas partes del camino de la fe deben recorrerse a solas.
Esto no significa que estemos abandonados. Más bien, significa que la fe no es algo que podamos tomar prestado ni delegar. Nadie más puede arrepentirse por nosotros. Nadie más puede renunciar a nuestro orgullo, no a confesar nuestro pecado ni elegir la obediencia en nuestro lugar. La Cuaresma nos llama a la honestidad personal, a asumir la responsabilidad de nuestro caminar con Dios.
La sencillez del himno hace eco las palabras del Señor Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. El valle representa esos momentos en
los que el camino es angosto y la elección es costosa, cuando la fe requiere valentía, humildad y confianza en lugar de consuelo o aplausos. Sin embargo, el himno no termina en desesperación. También declara:
“Jesús caminó por ese valle solitario;
tuvo que recorrerlo solo”.
Antes de que pudiéramos entrar a nuestros propios valles, Cristo entró a uno por nosotros. Enfrentó la tentación, el rechazo, el sufrimiento y la muerte, no porque debiera hacerlo, pero eligió recorrer el camino de la obediencia, por nosotros.
En Cuaresma, recordamos que Cristo comprende la soledad de nuestra lucha. No se queda, a distancia o atrás; camina con nosotros, incluso cuando el camino se siente solitario. El valle se convierte en un lugar de encuentro profundo, donde la fe se refina y la confianza se fortalece.
Al transitar esta Cuaresma, no te apresures por el valle. Camínalo con oración. Escucha atentamente. Confía en que Dios obra en la quietud. Y recuerda: aunque algunos pasos deban darse solos, nunca estás fuera del alcance de la presencia de Cristo.
Oración
Dios fiel, cuando el camino se siente solitario y el valle profundo, ayúdanos a caminar con valentía y honestidad. Recuérdanos que Jesús nos ha precedido ya y sigue caminando con nosotros.
Al transitar la Cuaresma, fortalece nuestra fe, profundiza nuestra confianza y guíanos hacia la esperanza de la Resurrección. Amén.
22 de Febrero, Primer Domingo de Cuaresma - Cristo, Guárdame Cerca de la Cruz
Texto bíblico:
“Yo, por mi parte, mediante la Ley he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. 20 He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” Gálatas 2:19-20
Enfoque del Himno:
“Cristo, guárdame cerca de la cruz;
Allí hay una fuente preciosa…”
La Cuaresma es un tiempo para regresar: retorno a Dios, retorno a la verdad, retorno al lugar donde la gracia nos encontró por primera vez. El himno “Cristo, Guárdame Cerca de la Cruz” es una oración silenciosa del corazón, que no pide escapar de las dificultades, sino estar cerca de Cristo en toda circunstancia.
Pedir ser mantenido cerca de la cruz es reconocer la facilidad con la que nos desviamos. Nos distraemos con la comodidad, nos abruma la preocupación o nos agobia la culpa. La Cuaresma nos conduce suavemente hacia atrás, recordándonos que la cruz no es solo el lugar del sufrimiento de Cristo, sino también la fuente de nuestra sanidad y esperanza. La “fuente preciosa” que fluye de la cruz habla del perdón que nunca se agota.
El himno menciona la cruz como refugio y fortaleza:
“Cerca de la cruz, siendo un alma temblorosa,
el amor y misericordia me encontraron”.
Aquí, nuestro miedo se encuentra con la compasión. No se ignora nuestro temblor, más bien se le acoge. La Cuaresma nos invita a presentar honestamente nuestra debilidad ante Dios, confiando en que el amor y la misericordia aún allí nos acompañan.
El himno sigue, mira más allá del momento presente, hacia la gracia sustentadora de Dios:
“Cerca de la cruz velaré y esperaré,
siempre esperando, confiando”.
La Cuaresma nos enseña a esperar, a aquietarnos en medio de esas preguntas sin respuesta, a mantener la fe incluso cuando el camino no parece definido a nuestros ojos. Permanecer cerca de la cruz nos ancla a la esperanza, recordándonos que las promesas de Dios son seguras, incluso cuando su cumplimiento parece lejano.
Este himno también nos señala hacia adelante:
“Hasta que llegue a la orilla dorada,
justo más allá del río”.
La cruz no solo está en el centro de nuestro arrepentimiento, sino también es la puerta a la vida eterna. La resurrección da sentido a nuestra espera y valentía a nuestra fe.
Durante esta Cuaresma, que este himno se convierta en tu oración. Pide a Cristo que te mantenga cerca de la cruz: cerca de la misericordia cuando fracases, cerca del amor cuando tengas miedo y cerca de la esperanza cuando estés cansado.
Oración
Señor Jesús, mantéennos cerca de la cruz. Cuando nos sintamos tentados a desviarnos, regrésanos. Cuando nos agobie el pecado o la tristeza, recuérdanos que el amor y la misericordia aún fluyen.
En nuestro camino por la Cuaresma, ayúdanos a velar y esperar con esperanza, confiando en tu gracia ahora y para siempre. Amén.
Sábado 21 de Febrero - En el Monte Calvario
Texto Bíblico:
“En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo.” Gálatas 6:14
Enfoque del himno:
“En el monte calvario se alzaba una cruz, emblema del sufrimiento y la vergüenza”
La Cuaresma nos invita a mirar fijamente a la cruz, no como un adorno o un símbolo lejano, sino como el lugar donde el amor soportó el peso del sufrimiento. El himno “La Cruz Vieja y Tosca” (En el Monte Calvario) nos llama a ver la cruz en toda su crudeza y realidad. No era pulida ni hermosa según los estándares del mundo. Era un instrumento de vergüenza, dolor y muerte.
Sin embargo, este himno nos recuerda esta profunda verdad: lo que el mundo rechazó, Dios lo redimió. La cruz, que representaba la desgracia, se convirtió en el punto de nuestra salvación. La Cuaresma es un tiempo que nos invita a enfrentar verdades incómodas —sobre el pecado, el sacrificio y el precio de la gracia—, pero siempre a la luz del amor transformador de Dios.
El himno declara
“Así que yo valoraré la cruz vieja y tosca,
Dejando los trofeos que aprecio”.
Apreciar la cruz no significa glorificar el sufrimiento, sino más bien honrar el amor que lo hizo soportar. La Cuaresma nos invita a examinar aquello a lo que nos aferramos —nuestro orgullo, nuestros logros, nuestra necesidad de control— y a dejarlo a los pies de la cruz.
A medida que pasamos por esta Cuaresma, la cruz se convierte en espejo y guía. Nos muestra la gravedad del pecado y la profundidad de esa obediencia de Cristo. También nos conduce hacia una vida moldeada por la humildad, la fidelidad y el amor abnegado. Seguir a Jesús significa cargar con nuestras propias cruces, no como castigo, sino como un camino de confianza y devoción.
El himno termina con una esperanza que va más allá del momento presente:
“Me aferraré a la vieja y tosca cruz,
y algún día será cambiada por una corona”.
La Cuaresma no termina en la cruz; ella avanza hacia la resurrección. La promesa de una nueva vida que justifica y da sentido al sacrificio que ahora recordamos. En esta Cuaresma, quédate en la cruz. Deja que dé forma a tus valores, ablande tu corazón y profundice tu gratitud. A la sombra de la antigua y áspera cruz, descubrimos tanto el precio del amor como la esperanza de la gloria.
Oración
Fiel Salvador, vinimos ante la antigua y áspera cruz, conscientes del dolor causado y agradecidos por la promesa que representa.
Enséñanos a dejar todo lo que nos separa de Ti, y a recorrer el camino de la humilde devoción.
Al transitar por la Cuaresma, déjanos fijarnos en el amor que nos salva, hasta que seamos renovados en la luz de tu resurrección. Amén.
Viernes 20 de Febrero - En la Cruz
Scripture:
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” Romanos 5:8
Enfoque del himno:
“En la cruz, en la cruz donde por primera vez vi la luz, y la carga de mi alma Él quitó…”
La Cuaresma nos lleva de nuevo al pie de la cruz, el lugar donde la verdad y la gracia se encuentran. El himno “En la Cruz” expresa la profunda maravilla de este momento: la maravilla de que el propio Hijo de Dios sufriera y que su sufrimiento nos diera vida.
Las palabras de Isaac Watts comienzan con sincero asombro:
“¡Ah! ¿Mi Salvador Soberano acaso sangró y murió mi?”
Esta no es una reflexión casual. Es la sorprendente comprensión de que la cruz no fue solo un accidente o una tragedia, sino un amor brotando voluntariamente. La Cuaresma nos invita a reflexionar sobre esa pregunta, a dejar que nos traspase el corazón antes de apresurarnos a buscar respuestas. El himno también nos lleva a la confesión:
“¿Daría Él esa cabeza sagrada por un gusano como yo?”
Estas palabras hacen eco del llamado cuaresmal a la humildad. Reconocemos nuestro pecado, nuestro quebrantamiento y nuestra necesidad de gracia. Sin embargo, el himno no nos deja en estado de desesperación. Al contrario, nos impulsa hacia la liberación y la gratitud:
“En la cruz… el peso de mi corazón fue quitado”.
La Cuaresma no se trata de que carguemos con una culpa más pesada, sino de dejarla atrás en la cruz, ese peso que hemos cargado —El arrepentimiento, vergüenza, miedo— es aliviado por el sacrificio de Cristo. La fe no niega la gravedad del pecado; más bien confía en la suficiencia de la gracia.
El himno termina con una reacción personal:
“Ahora soy feliz todo el día”.
Este tipo de felicidad no es una felicidad superficial, sino una seguridad profunda. Incluso en la solemnidad de la Cuaresma, hay un gozo silencioso al saber que somos perdonados, redimidos y sostenidos por un amor más fuerte que la muerte. Durante la Cuaresma, regresa con frecuencia a la cruz, no para que sea símbolo de sufrimiento, sino como el lugar donde la luz irrumpió en tu oscuridad. Permanece allí el tiempo suficiente para ver con claridad, confesar con sinceridad y levantarte renovado.
Oración
Señor Jesús, en la cruz vemos tanto el costo de nuestro pecado como la profundidad de tu amor. Ayúdanos para que traigamos nuestras cargas y dejarlas allí. Durante esta Cuaresma, moldea nuestros corazones con gratitud, humildad y fe, hasta que la luz de la resurrección amanezca de nuevo. Amén.
Jueves 19 de Febrero - Señor Pasaste Estos Cuarenta Días
Texto Bíblico:
“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.” Mateo 4:1-2
Enfoque del himno:
“Señor, durante estos cuarenta días ayunaste y oraste”
La Cuaresma comienza volviendo nuestra mirada hacia Jesucristo en el desierto, antes de iniciar Su ministerio público. El himno de hoy “Señor, pasaste estos cuarenta días” nos recuerda que antes de que Él predicara, sanara o fuera a la cruz, entró a un tiempo de ayuno, oración y tentación. La Cuaresma refleja ese camino, invitándonos a caminar con Él por el desierto del autoexamen y confianza.
El autor de este himno reconoce que Cristo conoce nuestra debilidad humana, pues Él enfrentó el hambre, la tentación y el aislamiento, no como un observador distante, sino como uno que se adentró plenamente en nuestra condición. La Cuaresma nos asegura que nuestras luchas no son señales de fracaso, sino puntos donde Cristo nos encuentra con comprensión y fortaleza.
Mientras el himno incluye la oración: “Enséñanos a lamentar nuestros pecados contigo,
y a permanecer cerca de Ti”, escuchamos el corazón real de la Cuaresma. El arrepentimiento no nos empuja a avergonzarnos ni a desesperarnos. Nos acerca a Cristo. La meta es “estar cerca” de Jesucristo, no a la perfección, sino a la presencia.
El himno también nos llama a la disciplina espiritual:
“Y a través de estos días de penitencia,
y a través de tu Tiempo de pasión…”
Los ejercicios cuaresmales como el ayuno, la oración y la generosidad no son el fin en sí mismos. Ellos moldean nuestros corazones para que dependamos más plenamente de Dios, aflojando el puño ante lo que nos distrae de una vida fiel.
Finalmente, este himno eleva nuestra mirada para ver más allá del desierto:
“Hasta la Pascua de eterna alegría,
al que por fin llegamos”.
La Cuaresma tiene un propósito. Ella avanza para llegar a la resurrección. Las disciplinas de estos cuarenta días nos preparan para recibir la Resurrección no como una rutina, sino como una verdadera renovación.
Al transitar este tiempo de Cuaresma, permite que este himno se convierta en una oración de compañía. Pídele a Cristo que te acompañe en el desierto, que te fortalezca en la tentación y te guíe fielmente hacia el gozo que te espera.
Prayer
Señor Jesús, recorriste el camino del ayuno y la oración por nosotros. Durante estos cuarenta días, acércanos más a ti. Fortalécenos en la tentación, enséñanos a arrepentirnos sinceramente y moldea nuestros corazones mediante la disciplina y la gracia. Guíanos a través del desierto de la Cuaresma hacia el gozo de la mañana de Resurrección. Amén.
18 de Febrero, Miércoles de Ceniza
It All Begins Here
“Regresa al Señor”
La Cuaresma, es un periodo especial para la honestidad, humildad y esperanza. Ella inicia cada año el Miércoles de Ceniza. Hoy somos marcados con cenizas, una señal antigua que expresa una verdad dura pero santa:
“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”. Estas palabras no nos avergüenzan; más bien nos arraigan, nos recuerdan nuestra mortalidad en esta tierra, nuestras limitaciones, y nuestra profunda necesidad de Dios.
La ceniza que recibimos no es una señal de derrota, sino una invitación. Nos llama a detenernos, a volvernos, a arrepentirnos. El profeta Joel nos insta: “Regresen al Señor su Dios, porque él es clemente y misericordioso, lento para la ira y grande en misericordia”. La Cuaresma no comienza con la condenación, sino con los brazos abiertos de Dios para ti y para mí.
El Miércoles de Ceniza también nos invita a liberarnos de nuestras ilusiones de autosuficiencia. Confesamos que no tenemos el control, que no podemos salvarnos a nosotros mismos, y que hoy y siempre necesitamos la gracia. La ceniza en nuestras frentes son un reconocimiento público de una verdad interior: que somos frágiles, incompletos, apartados de Dios. Sin embargo, incluso aquí está presente la esperanza. La ceniza administrada se elabora de las gamas hojas de las palmas usadas el año anterior: esas ramas que una vez se agitaron con alegría ahora están reducidas a polvo. Ella nos recuerda que la alabanza a la grandeza humana se desvanece, pero la misericordia de Dios perdura. De esta ceniza, Dios comienza una obra de renovación. Lo que parece ser un final es un comienzo en Cristo.
A medida que avanzan los días de la Cuaresma, se nos invita a recorrer el camino del arrepentimiento con honestidad y confianza: a orar con más profundidad, a ayunar con más intención, a ser más generosos en el dar. Estas prácticas no tienen como objetivo ganarnos el favor de Dios, sino el que abramos nuestros corazones para tenerlo a Él más plenamente. Escucha la verdad de tu humanidad y la promesa de la gracia de Dios hoy, al recibir la ceniza; recuerda que eres polvo, y eres profundamente amado. Regresa al Señor y comienza de nuevo
Oración
Dios misericordioso, al recibir la ceniza, confesamos nuestra fragilidad y nuestro pecado. Crea en nosotros corazones limpios y renueva un espíritu recto dentro de nosotros. Enséñanos a recorrer este camino de la Cuaresma con humildad y esperanza, confiando no en nosotros mismos, sino en tu misericordia inagotable. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.