Sábado 21 de Febrero - En el Monte Calvario
Texto Bíblico:
“En cuanto a mí, jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo.” Gálatas 6:14
Enfoque del himno:
“En el monte calvario se alzaba una cruz, emblema del sufrimiento y la vergüenza”
La Cuaresma nos invita a mirar fijamente a la cruz, no como un adorno o un símbolo lejano, sino como el lugar donde el amor soportó el peso del sufrimiento. El himno “La Cruz Vieja y Tosca” (En el Monte Calvario) nos llama a ver la cruz en toda su crudeza y realidad. No era pulida ni hermosa según los estándares del mundo. Era un instrumento de vergüenza, dolor y muerte.
Sin embargo, este himno nos recuerda esta profunda verdad: lo que el mundo rechazó, Dios lo redimió. La cruz, que representaba la desgracia, se convirtió en el punto de nuestra salvación. La Cuaresma es un tiempo que nos invita a enfrentar verdades incómodas —sobre el pecado, el sacrificio y el precio de la gracia—, pero siempre a la luz del amor transformador de Dios.
El himno declara
“Así que yo valoraré la cruz vieja y tosca,
Dejando los trofeos que aprecio”.
Apreciar la cruz no significa glorificar el sufrimiento, sino más bien honrar el amor que lo hizo soportar. La Cuaresma nos invita a examinar aquello a lo que nos aferramos —nuestro orgullo, nuestros logros, nuestra necesidad de control— y a dejarlo a los pies de la cruz.
A medida que pasamos por esta Cuaresma, la cruz se convierte en espejo y guía. Nos muestra la gravedad del pecado y la profundidad de esa obediencia de Cristo. También nos conduce hacia una vida moldeada por la humildad, la fidelidad y el amor abnegado. Seguir a Jesús significa cargar con nuestras propias cruces, no como castigo, sino como un camino de confianza y devoción.
El himno termina con una esperanza que va más allá del momento presente:
“Me aferraré a la vieja y tosca cruz,
y algún día será cambiada por una corona”.
La Cuaresma no termina en la cruz; ella avanza hacia la resurrección. La promesa de una nueva vida que justifica y da sentido al sacrificio que ahora recordamos. En esta Cuaresma, quédate en la cruz. Deja que dé forma a tus valores, ablande tu corazón y profundice tu gratitud. A la sombra de la antigua y áspera cruz, descubrimos tanto el precio del amor como la esperanza de la gloria.
Oración
Fiel Salvador, vinimos ante la antigua y áspera cruz, conscientes del dolor causado y agradecidos por la promesa que representa.
Enséñanos a dejar todo lo que nos separa de Ti, y a recorrer el camino de la humilde devoción.
Al transitar por la Cuaresma, déjanos fijarnos en el amor que nos salva, hasta que seamos renovados en la luz de tu resurrección. Amén.