Viernes 27 de Marzo - Me quedo asombrado en la presencia
Texto bíblico:
“Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, habituado al sufrimiento… Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores.” Isaías 53:3-4
Enfoque del himno:
Me quedo asombrado en la presencia
“Me quedo asombrado en la presencia de Jesús el Nazareno.
¡Qué maravilloso! ¡Qué maravilloso! Y mi cántico será eterno.”
La Cuaresma nos llama a detenernos lo suficiente como para dejarnos absortos. El himno “Me quedo asombrado en la presencia” nos invita a asombrarnos reverentemente, no ante una idea, sino ante una persona: Jesús el Nazareno, quien elige el camino del sufrimiento a causa de su amor.
Las palabras de Isaías nos preparan para este santo asombro. Ellas hablan del costo de la redención y de la profundidad compasiva de Cristo. La Cuaresma nos ayuda a ver que la maravilla
de la gracia no es un asunto sentimental pero más bien se forja en el sacrificio. Asombrarse es afrontar la verdad de la cruz y todavía confesar asombro.
El himno plantea una pregunta que la Cuaresma nos anima a meditar: «¿Qué tan maravilloso, qué admirable será mi cántico constante?». El asombro transforma el arrepentimiento. Cuando contemplamos verdaderamente lo que Cristo ha hecho, nuestra confesión se convierte en gratitud y nuestra obediencia en respuesta, no como obligación.
En nuestro viaje por la Semana Santa, este himno nos enseña que el asombro es una postura espiritual esencial. La Cuaresma no se trata solo de lo que renunciamos, sino de lo que contemplamos. Asombrarse ante Jesús nos lleva a una humildad más profunda, a un arrepentimiento más verdadero y a un amor que canta, incluso en la sombra de la cruz.
Oración
Cristo sufriente y salvador, en esta Cuaresma, llévanos a un asombro santo. Ayúdanos a contemplar tu amor hecho visible, tu misericordia costosa, tu gracia completa. Al asombrarnos en tu presencia, moldea nuestras vidas con gratitud y alabanza, porque tu amor es verdaderamente maravilloso. Amén.